¿Qué llevo en la maleta de mi pecho?
Me preguntas con curiosa dulzura;
llevo sueños que tan solo conocen mi lecho,
un puñado de fe y eterna ternura.
Llevo cartas que nunca recibiste,
mil «te quiero» que el viento se llevó;
un adiós que mi alma aún resiste,
y un beso que el destino nos robó.
Llevo un puerto, un mar y una esperanza,
la ilusión de un amor que no volvió;
una estrella que me guía con confianza,
y el recuerdo a quien nunca olvidó.
También guardo perdones y heridas,
las lecciones que el tiempo me enseñó;
porque entre las pérdidas vividas,
jamás mi fe el mundo derrotó.
Si algún día preguntas nuevamente
qué tesoro protege mi corazón,
abriré mi maleta lentamente,
y hallarás que aún viaja la ilusión.
Verás entonces que no pesa el alma
cuando aprende a perdonar con emoción;
maleta llena de esperanza, fe y calma,
es el equipaje de mi amante corazón.