Recuerdo la noche en que salí
herida, las marcas en mí
cuerpo que indicaban un
sufrimiento intenso, me daban
la sensación de ya no salir
de la prisión.
¡Ya deja de atormentarme!
solo exijo un descanso normal,
basta de intentar enseñarme
a perdonar, quiero odiar a todo
aquel que jugó conmigo.
Las noches de llantos amargos,
los mantengo en mi memoria seca,
ni una sola noche me alimenté del
néctar, ¿Cuál es mi nombre? Porque
no conozco ninguno que sea mío.
Intenté jugar con el fuego,
me salvaron a tiempo precisó,
me explicaron que estaba mal,
«Ya lo sé» no me repitan lo mismo,
conozco mis delirios enfermos.
Hay un culpable de todo esto,
quiero darles su nombre, para
que cuándo lo vean, tengan el
mismo resentimiento que yo guardo,
aunque sé que nada va a cambiar.