Puse el sol en su vida
di a sus días sentido
como siervo sumiso
yo le di mis caricias.
Era toda mi dicha
siempre oír su suspiro
dulce, mágico y rítmico
dando aliento a mi vida.
Más su ingrata falsía
cual veneno mortífero,
fue cicuta maldita
más letal que yo he visto;
pues forjada en mentiras
destruyó nuestro idilio.
Autor: Aníbal Rodriguez.