Juan Roldan

Balada del ayer

Vuelvo a mirar el camino
por donde el ayer pasó;
una lágrima, en silencio,
de mis ojos se escapó.

El tiempo avanza ligero,
deja el nido sin abrigo,
pero el alma siempre guarda
el calor del viejo estío.

Cada instante que fue hermoso
deja un rastro en el cristal;
aunque el tiempo quiera borrarlo,
yo no lo podré olvidar.

Y el eco de aquel verano
vuelve siempre a despertar.

Hoy regreso a los senderos
que mi juventud abrió;
cada piedra del camino
guarda un nombre que pasó.

En la tarde que declina
siento un soplo conocido:
es la voz de aquel recuerdo
que camina aquí conmigo.

Y el eco de aquel verano
vuelve siempre a despertar.

Cuando el sol cae en la loma
y la sombra quiere entrar,
sé que el tiempo no perdona,
pero enseña a recordar.

Y aunque el mundo siga andando
y la noche quiera hablar,
hay un brillo en mi memoria
que jamás se apagará.

Y el eco de aquel verano
vuelve siempre a despertar.