Noa Subin

LAS SUERTES DE LA CHARRERÍA

LAS SUERTES DE LA CHARRERÍA

 

Del corazón de México, tierra de sol y maguey,

surgió la charrería, deporte nacional y ley.

De vaqueros criollos y hacendados del ayer,

herencia que hoy brilla, firme y sin desmayar.

 

No es solo un juego, ni simple diversión,

es tradición tejida en cada emoción.

Las suerte son sus pruebas, sus ejercicios nobles,

que muestran el valor de hombres y yeguares nobles.

 

Cada una con su alma, con su propio desafío,

evalúa destrezas que el tiempo ha forjado.

Del charro y la amazona, mano hábil y ojo sagaz,

y del caballo fiel, su agilidad y paz.

 

Raíces que se cuentan

En los tiempos coloniales, cuando la hacienda era hogar,

los vaqueros criollos practicaban con esmero.

Domando potros bravíos, atando ganado al pasar,

con destreza y valor, forjando su deber.

Hoy esas prácticas viven en cada suerte y gala,

con el mismo fuego, con la misma llama.

 

Las pruebas que enseñan

Una suerte mira la fuerza en la jineteada alta,

otra la destreza en el lienzo del pial.

Una valora la gracia en la carreta de madera,

otra la maestría en el coleadero final.

Cada una busca algo único en el ser,

del jinete valiente y del caballo que lleva a volar.

 

Docilidad y agilidad

No solo el hombre cuenta con su arte y su saber,

el caballo es compañero, igual de importante.

Su docilidad responde al llamado del cuarteador,

su agilidad brilla en cada movimiento constante.

Juntos forman uno solo, alma con alma unida,

en cada prueba de la charrería extendida.

 

Así vive la charrería, en sus suertes bien marcadas,

con raíces profundas que el tiempo no borra.

Deporte nacional, orgullo que se engrandece,

mostrando al mundo lo que México es capaz.

Cada suerte es un canto, cada prueba un ejemplo,

de la grandeza de un pueblo que nunca se rinde al suelo.