El agua viene del cielo, a calmar la sed de los olivos. La tierra se abre en grietas y la niña da un suspiro.
Por el camino de arena, cabalga la noche de estio. Riendas de plata y de oro y en los ojos el olvido.
La niña mira hacia el cielo y la luna de plomo herido, abre sus venas de fuego, para agitar olas de trigo
Ya no basta la palabra para mecer los olivos, sino los recuerdos de un beso, que selló dos labios dormidos.
La noche canta su canto de estrellas y amores huidos. La niña suelta sus cabellos y muestra sus pechos heridos.
Por el camino de arena ya se escuchan los latidos, de un corazón que sueña el agua de besos perdidos.