marco romero

Cielo de AzĂșcar

Hay sonrisas que, por feroces, se quedan desnudas,

como un pecho abierto que muestra el corazón latiendo,

sin piel que lo esconda.

 

Hay silencios de una impudicia soberbia,

que no callan nada;

son relámpagos en los ojos,

un choque de trenes en la mirada que nos quema la sangre.

 

Hay cielos —mi cielo, que eres tú—

donde la pena no se aguanta,

donde el dolor se siembra en la tierra de este cuerpo roto

y se vuelve flores,

calaveras de azúcar,

y amor.

 

 

— m.c.d.r.