A veces sonrío y nadie lo ve,
pero por dentro mi alma se rompe otra vez.
Cargo silencios que no sé explicar,
y un cansancio que no me deja descansar.
El dolor me abraza cuando cae la noche,
el estrés me consume poco a poco y sin reproches.
La soledad se sienta a mi lado en silencio,
mientras guardo en mi pecho cada sentimiento.
Hay lágrimas que nunca llegaron a caer,
y heridas que el tiempo aún no ha podido comprender.
Tengo miedo, tengo dudas y mil pensamientos,
que se pierden en el viento con el paso del tiempo.
Pero aun en la oscuridad más profunda y fría,
queda una pequeña luz que me acompaña cada día.
Porque aunque duela seguir y cueste respirar,
mi corazón no ha dejado de luchar.
Y aunque a veces me sienta perdida en el camino,
sé que después de la tormenta vuelve el brillo.
Porque hasta el alma más cansada puede florecer,
y siempre existe un mañana por volver a creer.