En memoria eterna hijo…
Dos años sin tu risa, hijo mío,
y aún floreces dentro de mi pecho.
El tiempo pasó, pero no contigo;
tu nombre sigue intacto en mi silencio.
Hay una silla que aún te espera,
una ventana mirando al cielo,
y un padre que conversa con el viento
por si regresas vestido de recuerdo.
Dicen que el dolor aprende a dormirse,
No lo creo…
Solo aprende a caminar despacio
para que nadie escuche cómo llora el alma.
Te busco en la primera estrella,
en la lluvia que besa la tierra,
en cada amanecer donde imagino
donde Dios pronuncia tu nombre con la luz.
No fuiste un recuerdo, hijo mío,
eres el verso más vivo de mi vida,
la lágrima que aprendió a ser poema,
el amor que ni la muerte ha vencido.
Y cuando Dios reúna nuestros pasos,
correré hacia tu brazo sin medida.
Entonces entenderé que estos dos años
Solo fueron un instante, para la eternidad.
Autor: Àngel R. Anaya Puerta
El Ángel de la poesía
Còdigo de registro: 0014127
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