LuJITar

LEALTAD

 

LEALTAD 

 

Él salía de la ducha exhalando frescor por todos sus poros.

Se engalanó con todo el esplendor de su recién estrenada juventud.

Ella, siempre cómoda en su presencia, le esperaba con paciencia recostada al borde de la cama donde él tantas veces la había soñado. 

Su vestido escotado y estampado rezumaba primavera. Todo en ella sonreía, y al hacerlo, desprendía más luz que una refulgente estrella. 

De entre todas sus amigas, ella era la que más y además, pudiera ser la más bella.

Afuera, la tarde se mostraba amable, la temperatura era suave. Era suave y agradable aunque menos que su piel aromada en fruta fresca; y sus labios entreabiertos se le antojaban tan dulces como esos ojitos de miel que le miraban de cerca. Y en su mirada encendida, un tenaz interrogante esperando una respuesta por su parte…

Luz, tersura y juventud sobre una cama hechicera. Era el momento perfecto, su más anhelado momento.

¡Uff! La casa entera para los dos solos. Demasiada juventud en el rincón de los sueños. Demasiada atracción.

 

Inevitablemente, antes de lanzarse al vacío de un deseo prohibido, se acordó de su buen amigo: 

Había cometido el error de dejarla sola unos días en uso de su propia libertad. Quería alcanzar nuevas metas, subir a lo más alto por un rato, quizás para saberse aún más digno de ella.

Pero a ella no le gustaba estar sola mientras florecía. 

Demasiada juventud contenida en otro nido, demasiada primavera.

Aún así, y por suerte para su amigo, demasiada educación: Vino a llamar a la puerta, a agitarles la conciencia, una insolente intrusa cuyo nombre es lealtad. 

Así que, sin dudarlo, decidieron eludir la tentación y salir de allí cuanto antes, volver al plan inicial. Los dos sabían de sobra lo que pudo haber pasado. Era el momento perfecto, la casa entera para los dos solos y ninguna prisa que los detuviera. Demasiada juventud, demasiada cobardía, demasiadas normas por cumplir en el amor, en la amistad.

Coincidieron los dos solos y al final, como siempre, solamente para él… demasiada soledad.

 

P.D.: Al final,

la amistad se impuso al deseo. 

No hubo beso, no hubo sexo, 

no hubo más que ronroneo, 

mas quizás fuera por eso 

que así siempre se quisieron…

 

 

                 

  LuJITar (11-4-26)