Marcela Passo

AMOR PERSONIFICADO

No llores, niño,

que los grillos callan.

Tu cuna está meciéndose

en la noche.

 

La luna ha iluminado

tu mirada.

Tus ojos, más abiertos,

ruegan brazos.

 

El suave palpitar

de tu silencio

se ha ido derramando

poco a poco

con cada gota nueva

en tu mejilla.

 

El cálido mecer

de ésta, tu cuna,

nos va narrando

la historia

que comienza,

traedora y llevadora

de triunfos y fracasos.

Comienzas a vivir.

Estás viviendo.