No llores, niño,
que los grillos callan.
Tu cuna está meciéndose
en la noche.
La luna ha iluminado
tu mirada.
Tus ojos, más abiertos,
ruegan brazos.
El suave palpitar
de tu silencio
se ha ido derramando
poco a poco
con cada gota nueva
en tu mejilla.
El cálido mecer
de ésta, tu cuna,
nos va narrando
la historia
que comienza,
traedora y llevadora
de triunfos y fracasos.
Comienzas a vivir.
Estás viviendo.