Retumbó la tierra en danza de fuego,
rompiendo el suelo que el hombre pisaba;
la frágil calma que el vivir buscaba
se escondió oscura en un violento ego.
Mas en la sima, donde el miedo ciego;
acechaba herido y el dolor brotaba,
la mano buscó a otra que esperaba
y estrechó lazos sin temer al ruego.
No nos define el golpe del destino,
sino el abrazo que mitiga el llanto
cuando el quebranto se transforma en canto.
Frente a la furia del dolor genuino,
el hombre avanza y abre su camino...
¡La unión nos alza con su manto santo!
Emitza Santana 🇨🇺