No había notado la constelación de pecas,
cómo se abrazan al verde de mis ojos,
un mapa estelar sobre mi piel,
un secreto guardado a plena luz del día.
No había mirado la seda de mis labios,
suaves como terciopelo recién nacido,
ni la línea definida de mis cejas,
un marco perfecto para mi alma.
Mis ojos hinchados al despertar,
lejos de ser un juicio, son testimonio,
de los sueños que aún me quedan por soñar,
de la vida que se renueva cada mañana.
Me juzgaba con severidad extrema,
exigiéndome una perfección que no existe,
como si cambiar un detalle de mi rostro
cambiara el universo que llevo dentro.
Pero hoy, la mirada es diferente.
Me detengo en esa línea junto a mis labios,
un toque sexy, un guiño a mi propia fuerza,
un detalle que no había permitido ver.
Mis pensamientos bonitos se vuelven poemas,
mi interior sigue siendo un jardín de esperanza,
enamorada de las cosas buenas,
amante de lo soñadora que soy.
Suelo ser compleja, me dijeron algunos,
quizás aquellos que no pudieron sostener
la honestidad de mi palabra,
la firmeza de mi ser.
Pero hoy, un decreto se escribe:
ser poco amable conmigo misma,
ya no es permitido.
Soy hermosa. Soy fuerza. Soy yo