La copa del dolor puse en mis labios
y probé el elixir de lo inseguro.
Tu amapola sangrando mil agravios,
de mi campo manchó el trigo maduro.
Donde mueren los sueños te he buscado
y tu nombre grité por el abismo.
El pudor de tu gente has socavado
reduciendo tu gloria a patetismo.
¡Oh, Amada prostituta sin pudores
que en los brazos de extraños te abandonas!
De corrupta despides los vapores.
Con hambre de tus hijos te coronas.
Y puedo contemplar la larga sombra
alargarse en la noche de los años,
del cruel inquisidor que llama y nombra,
los muertos que decoran tus peldaños.
Justicieros manejan tu destino,
que fingiendo mirar con periscopio
ven la mota en el ojo del vecino,
pero ignoran la viga en ojo propio.
Azotan al ladrón de poca monta.
Hacen escarnio al desfavorecido.
Viendo la culpa grave que tramonta
y se pierde en la noche del olvido.
De hojalata te viste y te decora
el germano poder que te domina.
Cual gata cenicienta y soñadora
te gozas el rescoldo en tu cocina
recordando ese sol que en otros días
sin entender de ocaso ni de pausa,
con poderes y gloria te cubrías
mostrando la grandeza de tu causa.