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Tepeyac de peregrinos
y mezquites penitentes,
diste flores a creyentes
en tapices ambarinos.
Al final de tus caminos
y de las sendas rocosas,
donabas brisas nublosas
dando sentido a lo triste,
¿cómo fue que tú pudiste
donar un jardín de rosas?.
Ah, ya sé, una mirada
de una madre muy querida
por ser una tierra herida
y también, tierra encantada.
Tal visión ilimitada
puso una celeste esencia
donde el tiempo hace presencia,
se disipa, se serena,
y da esa tranquila escena
que ilumina una creencia.
Un favor madre querida,
para un amigo lejano
que de esencias habla llano
siempre con causa florida...
Si a una tilma diste vida
con vivezas bondadosas,
pon tus ramas piadosas
en sencillo sentimiento.
Dale mi agradecimiento
con un ramito de rosas.
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Jhetse