WCELOGAN 🔛

El Viaje De La Muerte

El viaje de la muerte

 

 

La muerte no llega. Llama.

Una vez al día. Siempre a la misma hora.

El teléfono suena con ese timbre

que recuerda al pan que nadie parte.

Pregunta por mamá.

O por quien salió por cigarrillos.

A veces no dice nada:

solo una respiración,

un olor a café frío

en una casa donde ya no vive nadie.

La muerte no corre.

Viaja en trenes que nadie ve,

con una maleta de tela oscura

y nombres bordados en voz baja.

Y nosotros, tranquilos,

como si no oyéramos

ese sonido mínimo

respirando dentro del silencio.

Habla como quien ha cerrado ventanas

en habitaciones que aún guardan calor.

Dice: —Ya casi llego.

Y nosotros ponemos la tetera,

sacudimos el polvo de los marcos,

miramos el móvil encendido

como si fuera una vela.

A veces se sienta en la escalera,

donde dejamos los zapatos mojados.

No llama al timbre. No rompe nada.

Solo espera.

Con aliento tibio,

con manos que saben a despedida.

Escucha las conversaciones

a través de los vasos.

No siempre tiene prisa.

A veces se queda en los rincones,

oliendo la ropa tendida.

Le gusta el ajo frito,

el sudor en las sábanas,

la foto donde nadie sonreía del todo.

Se le escapa una lágrima

al vernos dormir con la boca abierta,

envueltos en mantas baratas.

Nos acaricia el cabello,

como quien va a despedirse

pero no se atreve.

Y entonces,

cuando creemos que ha vuelto a marcharse,

suena el móvil.

Sin número.

Sin vibración.

Y la voz —la nuestra—

susurra:

—Sí. Ya estoy listo.