La calcinación y el lodo
Uno es la llama que muerde rápido el borde del papel; el otro, la ceniza húmeda que se queda pegada al suelo después de la lluvia.
El primero dice: golpea. El segundo prefiere esperar a que el óxido haga su trabajo en la bisagra, sin prisa, ganando milímetros de sombra cada invierno.
Se encuentran en el mismo cuerpo como el clavo y la madera que lo corroe. El primero raja la veta de un solo golpe; el segundo vigila la grieta.
El carbón apagado.
El agua estancada bajo la baldosa.
El derrumbe del techo.
Antonio Portillo Spinola © a