Aún recuerdo mis palabras: no te gustaban,
mis acciones no las reprochabas,
pedías perdón sin importar qué pasaba.
Te traté mal, no lo puedo enmendar,
quise cambiar pero no puedo perdonar
a mi persona mental. Mirar a los ojos no puedo,
esquivar los rostros ajenos,
encontrarte en ese río viendo las carpas
nadar y comiendo un pan que trajiste con esfuerzo.
Perdóname, perdóname, perdóname...
Aprenderé de ti, de mí, y estaré a la altura
de escribirte en tu libreta desgastada, por mi culpa, todo lo que siento, sin más que con la pluma que no haz podido usar.