Casualidad
El Eterno Encuentro
Cruzo el tiempo y la distancia
que separa esta larga espera,
para enredarme en los pliegues
de este lecho que nos acecha.
El calor que arde en tus caderas
será la pira que me consuma,
y mis manos sujetando tu cintura
seran el ansia que devora tus entrañas.
No habrá más besos suspendidos,
ni pasos lejanos que escudriñar;
el eco de mi marcha en la mañana
sera la urgencia de mi regresar.
Ire directo a tu aposento,
dispuesto a amarte
primero con el alma
y luego con el cuerpo.
Espérame con los ojos cerrados...
estoy a punto de abordarte.
Mírarte desnuda y encendida,
consumiendonos la tarde y la vida.
Solo con el sudor tras tu sonrisa
y tu perfume, cubriendo mi piel rendida.
David Gerardo