Noa Subin

LOS ROSTROS DEL TEQUILA

LOS ROSTROS DEL TEQUILA

 

Del agave sagrado, joya de Jalisco,

nacen varios tequilas, cada cual con su encanto.

No es solo bebida, es historia, es un disco

que narra en sabores su profundo canto.

 

El Blanco o Plata, de esencia pura y cruda,

recién destilado, cristalino y audaz.

Su sabor es agave, directo, sin duda,

fresco en la boca, vibrante y tenaz.

Ideal para mezclas, para el paladar fino,

que busca la nota original, el primer confín.

 

Luego viene el Reposado, con pausa y destino,

meses en barrica, su cuerpo y color.

Dorado suave, con notas de madera,

un toque de vainilla, un dulce dulzor.

Más suave que el blanco, con más mesura,

un puente perfecto, de noble valor.

 

El Añejo se esconde, con calma y premura,

un año o más, en barricas de roble.

Su color es ámbar, su esencia madura,

con notas de caramelo, que el gusto doble.

Complejo y profundo, de gran elegancia,

un sorbo que invita a la meditación.

 

Y el Extra Añejo, la cumbre, la instancia,

tres años o más, en duela fiel.

Profundo, robusto, de rica fragancia,

con notas de cacao, de cuero, de miel.

Un lujo en la copa, un tesoro guardado,

para momentos cumbre, placer sin igual.

 

Cada tequila, con su tiempo y su lado,

ofrece un distinto y gozoso ritual.

Un abanico de sabores, un arte heredado,

del campo al paladar, un gozo total.

 

NOAH SUBIN