A veces
el mundo olvida
con una delicadeza
que nadie advierte.
Las hojas caen
sin que el árbol las llore.
Los nombres
empiezan a quedarse
del otro lado de las cosas.
El invierno
no pregunta
qué fue de las flores.
Y cuando el viento pasa,
mueve las ramas
como si nunca
hubieran sostenido el cielo.