_La vereda que dejé_
Dejé mi casa en la loma,
mi fuente y mi olivar,
la sombra de aquella encina
que me enseñó a soñar.
Extraño los viejos campos,
el trigo, el río y la flor;
la voz cansada del viento
que me hablaba de amor.
Aunque camine muy lejos
por otro rumbo y sendero,
llevo mi campo en el alma,
como un recuerdo eterno.
Emiliodr/Julio 16/26