¡Ay de aquel que ve pasar,
a la vida con desgano!
Porque tarde o más temprano,
no tendrá otra que llorar.
Porque nada ha de durar
cuando todo pasa en vano
y lo que se ve lejano
algún día ha de llegar.
¡Ay de aquel que no madura
y se planta como infante!
Porque luego la amargura
es cual sal en una herida
con su ardor tan fulminante
que acongoja más la vida...