Lyra Nova

Vértigo

La vida es una montaña rusa:

a veces te alza hasta la cima

para luego empujarte al fondo,

en un ciclo eterno de ascensos y caídas.

Avanzas con el miedo a flor de piel

y la adrenalina latiendo a mil,

habitando la constante incertidumbre

de no saber si quedarás suspendida en lo alto

o te hundirás aún más profundo;

sin descifrar si prefieres la quietud de abajo

o el abismo de las alturas.

Allá arriba, donde el viento sopla con fuerza,

sientes que vas a salir volando.

Y aunque el arnés te sujeta y promete seguridad,

el temor termina por invadirte.

Se desatan los pensamientos intrusivos

y te abraza, gélida, la misma pregunta:

«¿Cuándo llegará el final?».

Llega el instante en que el alma ruega:

«Por favor, que termine ya»,

ansiando únicamente descender

para volver a pisar la tierra firme...

Allí donde los pies encuentran soporte,

donde si tropiezas, no caes al vacío,

y todo recobra su calma.

Así transcurre la vida.

Pero en medio del vértigo constante,

solemos olvidar que nuestro único y verdadero sostén,

el arnés que nos salva de la caída,

es Dios.