Amo los días de lluvia:
oscurecen,
prevalecen,
se proclaman.
Amo su anuncio,
la calma precedente,
las nubes que cubren
mi patio de espera,
el verde que anhela
su trago fugaz.
Amo su incertidumbre,
y su colección de pronósticos fallidos,
como bodas canceladas,
sin certeza ni destino.
Amo su duda,
la praxis que demora el trueno,
y a sus nubes,
mujeres con vestidos vaporosos
presumiendo el gris.
Amo la cadencia
con que sus bocas murmuran
profecías de agua:
se revelan en mi cuerpo,
me habitan,
me hacen parte,
y soy renacido
de este vientre universal.