Antonio Portillo

La mecánica del repliegue

La mecánica del repliegue
La flexión de los dedos siempre apunta hacia dentro. El puño se contrae para guardar, nunca para dar espacio; es un límite de carne: allí termina lo propio. Medimos el mundo por lo que alcanza el brazo: lo que cabe en la palma se salva; el resto queda a la intemperie.
En la mesa, el pan se parte por donde cede la corteza, pero el ojo ya ha elegido la miga más blanca antes de que termine de abrirse. Tiramos de la manta hasta cubrirnos el cuello, dejando en el otro extremo de la cama la esquina deshilachada y el aire frío.
La mandíbula trabaja en su hueco. El cuerpo se calienta con la sangre que lo recorre, sordo al temblor que respira a un palmo de la nuca.
Plato vacío.
Llave girando en la cerradura.
Vaho en el cristal de la ventana.

 

Antonio Portillo Spinola ©