Segundos que fueron siglos
En una tarde de café,
también de fútbol,
en el anhelo ferviente
de meter el gol,
advino un ruido ensordecedor.
Retó al pueblo de pie,
que en su esplendor
tuvo que ceder.
Ante el súbito temblor,
salimos a la calle
en pleno terror,
impregnados de fe.
Esta vez nuestro pueblo,
San Felipe El Fuerte,
aguantó y sobrevivió;
a diferencia del siglo diecinueve,
cuando desapareció.
Mas igual nos conmueve,
pues La Guaira mermó;
el dolor es lo que llueve
en medio de la desolación.
El Litoral, bajo olas de muerte,
se desplomó diciendo adiós,
aplastando a miles de gentes.
Hoy se eleva un clamor a Dios
por unos días diferentes,
llenos de paz, sin el horror,
en un amanecer incipiente
impregnado de fervor.
Hacia un mañana emergente,
sin lugar al rumor,
el suelo trémulo e inclemente
quebró sueños de amor
que perdieron su suerte.
Bajo los escombros,
un cementerio hiriente;
mas ante el asombro
de tantas vidas vehementes
tras el ataque telúrico...
la esperanza sigue ardiente.