Con los ojos semiabiertos
navegaba la insinceridad,
en el mar de los reflejos
te he podido divisar,
eres un tesoro,
pero no uno más que conquistar.
Heme aquí, capitán de los naufragios,
ante ti me he entregado
y te he vuelto mi altamar,
no tiene sentido la marea
ni esta guerra sin cesar,
pero el cofre de tu amor
he soñado profanar.
Entre soles renacientes
y lunas decrecientes
a mi paso voy,
soy un pirata con sueños
y tus hoyuelos
pertenecen a mi mapa hoy.
No importa tal clima tempestuoso,
la lección la manda
el mismo Dios Poseidón:
tras tormentas y un ciclón
las tempestades han de recordarte:
siempre habrá sol,
pero en un mar hay que adentrarse.
Posee un sereno semblante,
o presa de sirenas caerás,
su beso roba tu aire
y un soliloquio final esbozará:
“¿es ahora cuando viene a buscarme?”
mas el mar no es lo que parece,
y la madera cruje en este barco errante,
¡velas al alza!, ¡ah!, ¡timón al azar!,
una oportunidad de salir adelante,
ahora o nunca, querido capitán.
Hoy el sol brilla en lo alto,
disipando toda tempestad,
esta Tierra he reclamado,
no pienso desertar,
las constelaciones guían
nuestro paso,
no conozco miedo en el Dorado,
ni en el olivar de tu mirar.