Te soñé y que triste despertar...
Soñé que te amaba y me amabas y me llevabas de tu mano.
Soñé con tus ojos eternos y, yo viéndome contigo en la eternidad.
Soñé tus besos ardientes quemándose mi boca en tu hoguera.
Soñé que abrazaba tú vida y amanecía en tus brazos.
¡Y oh desperté!
y sí! solo era un sueño y entendí que nunca serias mío.
Porque aun amándome decidiste olvidarme.
Soy la misma flor que tu deshojaste con tu traición,
Habiendo dicho primero, que soy la primera flor que amaste.
El barro ya lo traías de otra parte no me embarres.
Señora, nada más hay una y esa soy yo.
por tantos años que llevo en este grupo
Nadie pero absueltamente nadie me ha faltado al respeto
como tú lo haces en cada poema.
Tan fácil que es que te alejes de mí y yo de ti y punto.
Bailemos, y ojalá vuelva el juicio que perdimos en el camino.
Desnudemos ese odio\'amor que nos ata para destrozarnos.
Aunque aquí la engañada fui yo, ya se te olvido que volviste a ver LA LUNA\'
Ahí fue donde disfrutaste batirte en el BARRO \'Agua Sobre Tu Piel\'
Ven! vamos a arder con el fuego que nos quema por no estar juntos,
Bebamos gota a gota este amor que nos consume entre el odio y el amor.
Anestesiemos el amor que no se de cuenta que ya no queda nada que amar.
Deshojaste la primera flor, que amaste, sé que desde el primer día me amas, Cobarde.
Decidamos SUICIDAR este amor con DESAMOR es la droga que mata hasta el alma.
Alicia Pérez Hernández… México
No es la pluma la que escribe, es el alma
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La ley de los salvajes
Que se rasgue el cielo; que sepamos, al fin, que es la señal para perder la cordura.
Tu piel será mi absolución maldita: el instinto libre de poseerte.
Ya no hay leyes para el cuerpo bajo este techo derribado,
solo esta hambre de terminar en ti.
Que el mundo se atragante en su propio llanto
mientras te reduzco a polvo en nuestro tálamo de fango.
Que el final me encuentre profanando tu interior,
mientras sentencio tu pecho a mi ciega forma de reclamarte,
y que este acto sea el último espasmo soberbio de mi carne.
AUTOR: ÁLVARO SAMPAYO