LA ÚLTIMA CLASE
Hace mucho que la noche se ha impuesto
y el edifico se encuentra a oscura
casi por completo, y también el aula, pero el profesor
del nocturno acierta a dar con el interruptor
y el recinto se ilumina, se alejan de un golpe las tinieblas,
brilla la luz y casi se inflaman
los pupitres y las sillas,
suficiente luz como para dar la clase
de la última hora, como para desenvolvernos
al borde del precipicio, de la nada,
y concluir con éxito la jornada laboral.
Gaspar Jover Polo