Soneto
Tres días de silencio. Piedra y sello.
Parecía la derrota consumada,
el sueño triste de una noche helada
donde la muerte creyó su reino bello.
Pero el silencio fue de Dios destello
para encender la vida ya esperada;
y en la mañana nueva que llegaba,
la piedra rodó y triunfó lo bello.
El sepulcro, Señor, no fue tu cárcel,
fue el vientre fecundo de tu gloria,
donde la muerte dio a luz la vida.
Y el silencio guardó la gran victoria,
mientras nacía en luz toda memoria
de un amor que jamás será vencido
Rosa María Reeder
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