Hoy te vi
y mi mundo se detuvo un segundo,
como si el tiempo entendiera
que aún existes en cada parte de mí.
Vestida de blanco,
como una diosa que no le pertenece a este mundo,
como un recuerdo demasiado perfecto
para ser solo memoria.
No creo en las casualidades,
y aun así la vida insiste
en cruzarte frente a mis ojos,
con una precisión casi cruel,
como si se burlara de lo que fuimos.
Y no entiendo
por qué tiene esta forma de acercarte tanto
cuando ya no somos,
cuando sé que tampoco seremos.
Pero ahí estabas…
intocable, luminosa, imposible,
y por un instante
todo volvió a sentirse como antes.
Y luego, nada…
solo el eco de ti
quedándose conmigo.