Si tu dedo acusador apunta
hacia mí y mi dedo acusador
apunta hacia vos,
y entre ambos nos
apuntamos y acusamos,
también a otros.
Entonces todo el mundo
se vuelve apunte y recibo
de señalamientos.
Egos enfrentados, enfermos
estados alterados de anhelar
trascender para consolar
triste dicha de existir.
Disléxicas acusaciones de
manos ausentes, increpando
valores, errores y ética
grandilocuentes; implantando
la culpa y faltas cometidas
por otros y no por nosotros.
Jauría de dedos enfurecidos
señalando y condenando,
soslayando la trivial demencia.
Mundo de acuses y recibos
que solo hunden nuestras
místicas esencias, de transgredir
para en verdad no transgredir.
Hernán J. Moreyra