Cada apuñalada abre la herida que intenta cerrarse.
El recuerdo de una mierda permanente,
como un tatuaje mal hecho.
El nuevo golpe no mata más que el antiguo:
se une a lo conocido,
haciéndolo más profundo.
Matando poco a poco la existencia,
llevando a la persona a la quiebra.
Aquellos ignorantes abren la herida.
Nadie sabe lo que no es conocido,
hasta que pregunta.
Y ahí es donde lo invisible se hace real
y la ignorancia muere.