El café perfecto tiene muchas formas de prepararse.
Paso uno. Deja que el agua caliente lentamente en una tetera. Sí, en una tetera. Basta una rama de canela para aromatizar el agua y, de paso, armonizar toda la casa.
Paso dos. Silba tu canción favorita mientras improvisas un baile torpe por la cocina. Añade una cucharada de café en cada taza.
Paso tres. Vierte el agua con calma y mezcla despacio: café, rizos y sonrisas. Llena hasta el borde la primera taza. La segunda, la del conejo sonriente, déjala sólo hasta la mitad. Dos cucharadas de azúcar y leche deslactosada hasta el tope.
Paso cuatro. Toma el café mientras esperas a tu interlocutor. A fin de cuentas, nunca le gustó beberlo demasiado caliente.
Paso cinco. Apaga la alarma. Toma una sola taza. Una cucharada de café. Agua caliente. Déjalo amargarse. Deja de sobrepensar. Disfruta, si puedes, de un café desabrido