Hay sollozos que rozan el paladar
y renglones tan curvos que ofrecen odiseas.
Viajo a través de mí,
me miro desde celosías.
He perdido algún tren.
Cambiando de estación, o persiguiendo estatuas.
No sabía el alcance de mis traumas, no hablo de medidas,
y detalladamente purifico mi alma.
Ella no dijo nada, me lo pedía el cuerpo.
En ese extraño argot de quien se siente huérfano
sin lengua (Si mi boca me hablase esto no pasaría.),
se reúnen las mentes con la orden del día.
Y el debate no deja nunca lugar a dudas,
porque ya ha cobrado vida y en esa incertidumbre, en ese magnicidio,
aparece la negatividad.
Y pregunto de veras:
\"¿Qué hay de malicioso en la falta de pruebas?\"
No hay nadie que evidencie lo que otros no pueden.
Toda desgracia, llámese certeza o quizá búsqueda,
(Sí, verdad.),
es un aprendizaje solapado, que esconde noluntad.
Es como quien escribe con ganas de acabar cuanto antes un poema.
La vida no funciona, digo como debiera.
Caemos en la precipitación continuamente.
Y creemos que así \"pasamos el nivel\", o que \"damos la talla.\"
Y esto puede acabar con las divinidades,
no les estoy contando una película.
\"Quiero la libertad de no pensar en Dios\".