Ricardo Castillo.

LetanĂ­a de la lengua y de los pies

Letanía
de la lengua
y de los pies

Que las costumbres no maten el espíritu,
y que los pies hablen su propia lengua.

Que no se alimente la lengua del fruto verde:
sin sol,
sin hojas,
sin flores ni frutos;
sin savia para su lengua.

Que no se olvide la voz
de la palabra silenciosa,
meditabunda;
de la palabra no nacida,
porque no era su hora de alumbrar
o porque no quiso nacer
entre oídos embotados.

Que pierdan su voz
los caminantes de la prescripción médica y del deporte;
los de la multitud en los parques después del almuerzo,
que en vano apresuran las horas
bajo el brillo eterno de las estrellas;
los de la marcha fantasma
que no sabe escribir con los pies;
los dueños del silbido
y de las jergas utilitarias
que esperan un salario de quincena.

Que callen las calaveras
el sonido de sus huesos,
y salgan de los sepulcros
las lenguas
que nos heredaron la lengua.

Que hablen
los que se callan
para pensar un verso,
y que empiecen a decirlo
desde en medio de la idea
y hacia el principio;
a la izquierda o a la derecha,
hacia atrás;
¿y por qué no?,
también hacia arriba
y hacia abajo,
o como les dé la regalada gana.

Que den a todos de beber
un poco de vino,
agua
y papel.

Embriáguense todos
de la locura de la lengua.

Pero no hablen
lo que los demás quieren escuchar,
aunque esté de más decirlo.

Y, por favor,
no repitan.

Está de más decirlo:
estamos cansados
de escuchar lo elemental.

Abran la boca
y saquen la lengua
como quien va al dentista
o al estomatólogo.

Saquen la lengua
como quien se burla
de su gracia,
de su dolor
o de su mancha.

Una hermosa burla
sin abecedario.

Que la lengua
no recuerde su torsión;
que se doble,
que asome
y vuelva a esconderse.

Pero que hable
como hablan los pies
en el corazón de la tarde,
despeinada
y adolorida de cuerpo entero;

todavía con ganas
de caminar la noche,
con la lengua sudada,
afilada
y llena de fuego.

Ricardo
13/07/2026