El sol que cicatrizaba nuestras heridas se apagó.
Esas cervezas que tomábamos,
engañando nuestra sed.
Esas noches cortas y calurosas
en las que no podía dormir
y me desvelaba pensándote.
Esa brisa que entraba por la ventana de mi coche
hacía acelerar mi corazón,
sabiendo que iba a verte de nuevo.
La luna despidiéndose
y el sol abriendo el telón
para otro último show.
Donde ya no volví a verte.
Donde en tu vida
el verano se repetía,
y en la mía
comenzaba el invierno...