Sonó tu voz perdida al final de la llamada,
y la cantina quedó mirando atrás,
la lluvia en la piscina cayó desordenada
como si hasta las horas se negaran a pasar.
Te vi correr.
Te vi reír.
Con las vacaciones ardiendo para ti,
con las cornetas viejas sonando hasta morir.
Las tardes sin prisa se quedaron sin color,
el recuerdo se estiraba como un eco sin salida,
el viento en la estación hace preciso tu calor
y el tiempo se quedaba sin saber tu despedida.
Tus pasos en la acera,
mi sombra en la escalera.
Y aunque cambió la ruta que solíamos seguir,
aunque el reloj avance fingiendo decidir,
aunque la gente diga que todo tiene fin,
te fuiste, pero todo sigue hablando de ti.