Eduardo Villacal (seudónimo)

Desde mí hasta vos 

Desde mí hasta vos 
entraba toda la Tierra.
Horizontes donde el sol 
dejaba ardiendo las tardes.
Océanos que, ola tras ola, 
empujaban su alma hacia la costa.
Ríos que abrazaban de memoria 
los caprichos de las piedras.

Todo cabía entre nosotros:
la paciencia mineral de las montañas,
la persistencia del agua,
el cansancio indecible del mar.

Sólo la ausencia
parecía más grande
que el mundo.

Y hubiera bastado
apenas un gesto tuyo
para que ese mundo
volviera a entrar
entre dos latidos.

Pero de mi hasta vos
había una distancia
que no pertenecía a la Tierra.

Quizás por eso
la misma Tierra, 
en toda su extensión,
nunca encontró el camino
de tu mano hacia la mía.