El escriba de la penumbra

Quisiera ser el protagonista de mi propia historia

Quisiera ser el protagonista de mi propia historia,
esa que aún no ha sido escrita con lágrimas, sino con amaneceres.
Una historia donde la noche vuelva a ser el manto que abraza el descanso
y no el escenario interminable donde mi alma libra guerras en silencio.

Quisiera acostarme sin miedo a la oscuridad,
cerrar los ojos y dejar que los sueños me encuentren,
despertar al alba con el canto de los pájaros,
abrazar entre mis manos un tibio vaso de café
y descubrir que el aroma de la vida también puede sanar las heridas invisibles.

Quisiera perderme entre los atardeceres,
caminar despacio mientras el viento acaricia las palmeras
y ellas danzan con esa libertad que tanto envidio.
Sentarme a contemplar el cielo sin sentir que el tiempo pesa,
mirar las estrellas y dejar de preguntarme
por qué su luz siempre parece tan lejana de la mía.

Quisiera volver a sonreír de verdad.
No con esa sonrisa que aprendió a esconder el dolor,
sino con aquella que nace en el corazón,
que ilumina la mirada y abraza a quienes amo
sin que la tristeza tenga que pedir permiso para acompañarme.

Pero mi historia tomó otro rumbo.

Los demonios ya no viven en el infierno.
Abandonaron sus sombras para instalarse en las habitaciones de mi casa,
en los pasillos de mi mente,
en los silencios de mi trabajo,
en los rincones donde antes habitaban mis sueños.
Convirtieron mis noches en eternidades,
mis días en una lucha constante
y mi vida en un lugar donde la esperanza sobrevive apenas como la llama de una vela enfrentando la tormenta.

Y aun así… sigo soñando.

Sueño con volver a escribir cada página de mi existencia.
Con borrar el miedo sin borrar lo aprendido.
Con cambiar el lenguaje del dolor por el de la paz.
Con despertar un día y descubrir que el sufrimiento fue solamente un capítulo
y no el título de toda mi vida.

Porque, si algún deseo aún permanece intacto en mi corazón,
es poder proteger lo que más amo en este mundo.

Quisiera que mi madre jamás conociera el peso de mis lágrimas.
Quisiera que mi familia solo recordara mi risa
y no las batallas que libré en silencio.
Quisiera abrazarlos con un corazón libre,
sin que la oscuridad me arrebatara los instantes que aún nos pertenecen.

Y, por encima de todo,
quisiera encontrar esa felicidad verdadera que un día se perdió entre mis pasos.
No una felicidad perfecta,
sino una tan sencilla como mirar el cielo al caer la tarde,
respirar profundamente el aroma del café,
sentir el viento acariciar mi rostro
y descubrir, por fin,
que el protagonista de mi historia dejó de sobrevivir…
para empezar, al fin, a vivir.