Hay golondrinas en el cielo, confíandoles sus destinos al viento, y este le sirve de palma, hay caminos nuevos en el suelo, la tierra, enternecida, les abre el paso.
Y en las sucias calles de mi andar, dónde la pobreza y la ingenuidad son el par que da siempre uno igual, se activa la carnada.
Mis pies, el viento, el paso, y las golondrinas cantan el mismo himno que yo, somos los subordinados, por mientras, que el viento acaricie tu andar, y el ave embellezca el cielo con su volar.
Scarlett-Oru