Tenía un delantal azul
con bordados de ilusión;
en cada puntada llevaba
un pedacito de amor.
Nunca escuché una queja
brotar de su corazón;
hacía fiesta la gentileza,
con un plato y una canción.
Los manteles de los ricos
podrán brillar mucho más;
pero ninguno conserva
tanta ternura y bondad.
Emiliodr/Julio 13/26