Cuán te quiero, vida mía,
cuán te quiero, dulce amor,
te ofrendo mi corazón
y te doy toda mi vida;
eres luz, gran alegría,
toda pureza y candor,
belleza e inmensa pasión:
Santa Tierra Prometida;
has transformado mi aliento
en un perenne suspiro
e infinita penitencia;
agua de vida al sediento,
ese secreto respiro
una tormentosa ausencia...