Confieso, amor: tuve que preparar
minuciosamente la despedida;
a ello me obligué dando por perdida
la esperanza cual náufrago en el mar.
Me di a la conversación distraída;
pedí la llegada de otras mujeres;
me abandoné a tristes atardeceres
y mendigué en cada niño, la vida.
Así quería fabricarme el mundo
que en silencio te sobreviviría,
devastando todo dolor profundo,
sepultándote tenaz cada día.
Me equivoqué. Me creí un dios ingente:
dueles hoy como poesía urgente.
David Galán Parro
13 de julio de 2026