Cuando la herida se disuelve en el tiempo con cada cicatriz conquistada,
la derrota no destruye: se convierte en el cimiento de nuevos tiempos.
La presencia, templada por la experiencia, renace a cada paso; respira en cada instante y hace del latido,
plenamente presente, una fuerza cada vez más firme y resistente.
Y así, la sombra, si hoy persiste, se irá desvaneciendo hasta perder todo poder sobre ti...
gracias a tu resistencia, a tu espíritu de lucha y a tu alma inquebrantable.