Cinco meses exactos.
El tiempo suficiente para saber que mi propia decisión me condena.
Elegí tu ausencia como un escudo, te prohibí ser parte de mi ser para salvarme de algo que no entiendo.
Pero hoy, la lógica se desarma ante el deseo de haber caminado una larga vida a tu lado.
El destello de aquella imagen tuya sigue grabado en mis pupilas, y me acompañará en la memoria por el resto de mis días.
Pienso en esa sonrisa que tuve al verte y en esa tristeza que vino a mí consecuentemente.
Me pregunto qué rumbo habría tomado mi historia si estuvieras aquí en este momento. Me habría encantado sentir tu presencia y coleccionar retratos alegres de ti con el paso de los años.
...
Hoy te escribo, más soy cobarde; guarda estas letras en ti... y perdóname.