Y lloró mi alma;
Lloró como recién nacido,
Lloró tan fuerte
que si tuviera garganta
se la hubiera partido
Lloró pidiendo piedad,
Clamando por misericordia,
Por que terminara su soledad,
Lloró por la falta,
Lloró por la ausencia,
Lloró con anhelo terrible;
Clamo con sus ultimas fuerzas,
Desfalleciendo dentro de mí,
Como si le sacaran los huesos,
Clamó con miedo atroz,
Miedo de perderlo todo,
De quedarse sin nada en ella;
Lloró clamando a Dios,
Pidiendo,
Rogando,
Gritando;
Lloró queriendo lo que no veía,
Anhelando lo que no tenía,
Rogando por ese cambio.
Lloré yo por dentro
Como un ciego,
Que le dice a una dama,
Que se ve hermosa,
Llore ante la duda,
Desechando toda incertidumbre,
Aunque el miedo me llenara el alma,
Aunque estuviera sobre mi pecho,
Esta energía demente,
Que desquiciaba mi mente;
Mi alma igual pedía,
Sin importar que,
Rogando,
Ante lo que no imaginaba,
Ante algo grande y sublime,
Algo bello,
Pero tremendamente atroz,
Algo impensable,
Algo que me acariciaba el alma,
Soplando entre mis huesos,
Como aire frio,
Como el viento entre la hierba,
Como el frío que cala la vida,
Como la tumba en la tierra;
Lloré sintiéndome explotar,
Cayendo las lágrimas al suelo,
Lloré delante del ansia,
Lloré frente al anhelo,
Llore gritando y gimiendo,
Pidiendo el amor;
Amor.
Único y perfecto,
Como es,
Aunque aún no lo tenga,
Aunque me llene las manos de anhelo,
Aunque me carcoma la vida el ansia,
Porque no puedo tenerlo,
Simplemente no se puede
Tener algo tan perfecto;
Y eso es lo que me aterra,
Sentir a la vida,
Riéndose de mí,
Por negarme lo que anhelo,
Lo que necesito,
Y que se me niega,
Aunque su falta me duele como nada.
Y ante tanto sentimiento,
Ante tanto dolor,
Hay una cosa
que me sostiene,
Una sola,
Una mano invisible,
Que se extiende sobre mi alma,
Como sombra bajo el sol,
Como casa ante la lluvia,
Como fuego ante el castigo del frio,
Protegiéndome,
No de la verdad,
Si no, de la nada,
Manteniéndome,
No con esperanza,
Sino con Fe,
Amándome,
No con el amor que anhelo,
El amor que no tengo,
Pero diciéndome,
Que lo tendré;
Y siento una mirada sobre mí,
Que me dice un “si” rotundo,
Que no se diluye ante tanta negación,
Un sí a mi pregunta,
De si obtendré mi amor.
Y siento calidez en mi alma,
Como la de un abrazo,
Que se da con el alma expuesta;
Siento electricidad,
En el tuétano de mis huesos,
Hermosa vitalidad,
Que recorre mi cabeza,
Derramándose por mis venas,
Tensando mi rostro
En una sonrisa que hasta duele,
Viendo este tremendo dolor
Ante la falta de amor,
Como algo bueno,
Como lo que es,
Una señal de que de verdad lo quiero,
No como garantía,
Pero si como hermoso anhelo;
Y aunque las ansias me duelan,
La fe me calma,
Y aunque la vida me grite,
Mi anhelo me persigue,
Y me mantengo firme,
Como viendo al invisible,
Sabiendo entre la incertidumbre la verdad,
Tomando el camino con ímpetu,
Con vida en cada paso,
Con anhelo en mis ojos,
Y con fuego en mi corazón
Esta bella ansia.