El vacío
En la densa soledad,
me deslizo sobre esa cuerda floja
que nadie recuerda haber tendido.
El vacío no es un hueco, es un espejo
que devora mis propios pasos,
antes incluso de nacer.
La cuerda cruza un abismo hecho de incertidumbre,
donde cada paso despierta un ojo de niebla.
El vértigo florece en la planta de mis pies,
cual árbol que aprendió a nacer hacia abajo.
Anhelando compañía,
me lanzo al absoluto desconcierto,
desafiando el temor
de que el vacío cumpla su promesa
y me acoja en su seno,
allí donde la nostalgia
aprende por fin a llamarse silencio.