Cómo planeta errante
que flota en el vacío
girando en su galaxia
solitario y sombrío.
Cómo astro perdido
en el cósmico abismo
orbitando soles
en su periplo itinerante.
Así vaga el hombre
hasta el final de su existencia
sin conocer su propósito,
ni si este es relevante.
O si, en el inconmensurable
espacio,
solo es una chispa,
un fugaz destello
insignificante.
Quizá tan solo sea
un espejismo
en medio de la desolación
circundante;
una diminuta
ráfaga de energía
pensante, encapsulada,
como nota discordante.
Mientras su mente
profundiza en cuestiones
sobre la incertidumbre
de su trascendencia
hasta llegar a conclusiones
a menudo inquietantes.
Sin hallar respuestas
a sus muchos interrogantes
del sentido de la vida
por completo ignorante.
Persigue a tientas
un futuro velado,
sorteando trabas
y dificultades
limitantes.
En la búsqueda
de un desconocido
fin, una meta,
un objetivo determinante.
Cómo planeta errante,
viajando a ciegas
en la inmensidad
de un universo
infinito y
desconcertante.